Un banco adquirente, también llamado “acquirer”, es la entidad financiera que permite a un negocio aceptar pagos con tarjeta u otro método alternativo de pago, ya sea en una tienda física u online.
Su función principal es hacer de enlace entre el comercio con las redes de pagos, como Visa y Mastercard, y el banco emisor del cliente. De este modo, se asegura que las transacciones se autoricen correctamente y que los fondos se liquiden de manera eficiente entre todas las partes involucradas.
Actuar como intermediario implica que el banco adquirente tenga una serie de responsabilidades:
El adquirente ofrece una cuenta de comerciante (también conocida como”merchant account”) y/o los dispositivos necesarios para que pueda aceptar pagos en distintos canales: TPV físico o TPV virtual, por ejemplo.
Cuando un cliente realiza una compra, el adquirente recibe la transacción y la envía a la red de pagos correspondiente. Esta red la dirigirá al banco emisor para verificar si puede autorizarse.
El adquirente gestiona la comunicación entre el comercio y el banco emisor, informando al comercio si la transacción ha sido aprobada o rechazada. No decide sobre la disponibilidad de fondos.
Una vez autorizada la transacción, el adquirente coordina la liquidación, es decir, el traspaso del dinero desde el banco emisor hacia la cuenta del comercio, aplicando las comisiones establecidas.
El banco adquirente recibe la reclamación o chargebacks del banco emisor y coordina la respuesta del comercio, revisando la documentación y evidencias. Si la reclamación procede, gestiona la devolución de los fondos al emisor, cumpliendo con los procedimientos establecidos por la red de pagos.
Parte de la labor del banco adquirente consiste en asegurar que el comercio cumple con normativas y estándares de seguridad como PCI DSS, vitales para proteger los datos del titular de la tarjeta.
El banco adquirente y el banco emisor cumplen roles complementarios pero muy distintos dentro del ecosistema de pagos.
El banco emisor representa al titular de la tarjeta: administra su cuenta, establece los límites de gasto y decide si una transacción debe aprobarse o rechazarse. Es, por tanto, el responsable de validar que el cliente dispone de fondos o crédito.
El banco adquirente, en cambio, actúa del lado del comercio. Su función es recibir las solicitudes de pago, enviarlas a la red correspondiente y, una vez aprobadas por el emisor, gestionar la liquidación de los fondos hacia el negocio.
Por su parte, el procesador de pagos no es un banco, sino un proveedor tecnológico que conecta a comercios, adquirentes, emisores y redes de tarjetas. Su labor consiste en mover la información de la transacción de forma rápida, segura y eficiente, además de ofrecer herramientas adicionales como prevención de fraude, analítica o enrutamiento inteligente de pagos.
En otras palabras, si el banco adquirente y emisor asumen responsabilidades financieras, el procesador se centra en la parte técnica y operativa que hace posible la transacción entre las partes implicadas.
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